<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695</id><updated>2009-11-23T17:46:57.046+01:00</updated><title type='text'>Berliner Haus</title><subtitle type='html'>Reseñas &amp;amp; artículos de Antonio J. Rodríguez para el suplemento El Día Cultural</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default?orderby=updated'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;orderby=updated'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>36</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-4804326908354533554</id><published>2009-07-25T21:08:00.001+02:00</published><updated>2009-07-25T21:08:49.660+02:00</updated><title type='text'>'Un guión para Artkino', de Fogwill</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;¿Es compatible la actividad del creador con un régimen socialista? ¿Admite la condición humana doblegarse ante la uniformidad que postula el comunismo? Un guión para Artkino —escrita a finales de los setenta, aunque ahora publicada en Argentina y España— plantea estas cuestiones partiendo de una alucinación que solo el excéntrico Fogwill (Buenos Aires, 1941) podía llevar a buen puerto. A saber, nos encontramos en 1994, año en que Argentina ya es parte nada menos que de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y el protagonista de la novela (homónimo del autor) recibe el encargo de un guión para los estudios comunistas Artkino —o como reza la sinopsis, el Hollywood soviético—, que transcurría en el año 2018, «eliminados los focos de resistencia capitalista enquistados en el Atlántico Norte y el Extremo Oriente». De modo que de la mano de Un guión para Artkino asistimos en esencia a una metaucronía en torno al mito del fin de la historia, aunque no como después de la Guerra Fría Fukuyama nos hizo creer (la victoria del liberalismo después del descalabro fascista), sino en su sentido original, antes de que las utopías se extinguieran. Cuarenta años después de su escritura, el disparate está servido. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;Podemos afirmar que Un guión para Artkino descansa sobre una lectura pésima de la especie humana, su bien el argentino prescinde de lastimar el ánimo de sus lectores; al contrario, estimula la inmensa ironía de su texto a partir de un monólogo manierista, petulante y triunfalista a ratos —como acostumbran a hablar los unidimensionales hombres de Partido en los estados populistas—, o el humor que desprende la psique de Fogwill personaje, cuya ética lo empuja a cuestionar si cada una de las acciones que ejecuta son ideológicamente comunistas o no. Verbigracia, la reflexión sobre la significación política del habla de cortesía, o el capítulo titulado «Prerrogativas», que arranca con un debate —bastante burgués, por cierto, tanto por la forma como por el contenido— sobre si el uso del cosmético debe ser aprobado o no por el Partido. Un dilema bizantino resuelto del siguiente modo: «no puede ser que las muchachas de afuera del Partido vistan mejor y se arreglen y sean más atractivas que nosotras… Eso no favorece a las Juventudes, y muchos camaradas corren tras mujeres que, por estar fuera de la Juventud y de las tareas del partido, se arreglan como actrices de televisión.» He aquí cierto guiño a la (micro)propaganda, algún tiempo después del clímax de Riefenstahl, y mucho antes de la democracia mediática  por Sartori referida. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;Dice en la página 87 el guionista de Artkino: «la derrota de la sociedad individualista es inexorable». En efecto, he aquí la clave de la novela, pues a lo largo de toda su extensión acontece el autoengaño del protagonista, caracterizado por la vanidad del creador, el deseo de saberse posicionado para con los otros (p. 34) y la transgresión estética y el ansía de eternidad sobre el pragmatismo de la obra que los políticos exigen. Como de él se nos dice, Fogwill es un completo ignorante en materia política: «¡Él está tan alejado de todo…! La Literatura lo absorbe… Ni sabe lo que pasa afuera.» De ahí que para representar la arrogancia, si me lo permiten, blotchiana (del personaje de novela gráfica Blotch, paradigmática representación de la neurosis artística), Fogwill haya hecho despliegue de las fantasías más pueriles que sobrevuelan la mente del escritor; concretamente hablamos del instante en que la joven Silvia invita al protagonista a perpetrar un acto de infidelidad siguiendo los mismos pasos que ocurren en una novela de éste. Ni que decir tiene, Fogwill, que describe disparatadamente a su mujer —en absoluto interesada por la creación artística— como una realpolitiker, no cesa de preguntarse si la infidelidad es un gesto burgués, o por el contrario ayudará a librar a la clase obrera de sus cadenas. Bravo por el argentino. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-4804326908354533554?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/4804326908354533554/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=4804326908354533554' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/4804326908354533554'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/4804326908354533554'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/07/un-guion-para-artkino-de-fogwill.html' title='&apos;Un guión para Artkino&apos;, de Fogwill'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-4396730200100946083</id><published>2009-07-25T21:05:00.001+02:00</published><updated>2009-07-25T21:07:55.761+02:00</updated><title type='text'>'Arquetipos e inconsciente colectivo', de Carl Gustav Jung</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;Hablar de Carl Gustav Jung (1865-1961) es hacerlo de una piedra angular de la teoría psicoanalítica a lo largo de su primera generación. Tal como nos es posible comprobar en la colección de ensayos Arquetipos e inconsciente colectivo, su obra, a la altura de teóricos como Freud y Adler, se ejerce a partir de una prosa esotérica no exenta de matices esteticistas que transcurre por disciplinas intelectuales poco transitadas hoy, a saber, nada menos que la mitología y la hermenéutica, la crítica cultural del Occidente contemporáneo, la filosofía y la historia del cristianismo y la psicología clínica. La presente colección que Paidós reedita en su colección Carl Gustav Jung toma como pretensión esencial la diferencia de los complejos de carga afectiva o inconsciente referidos por Freud, cuya dinámica aparecería manipulada no más que por el propio individuo, de los arquetipos o «contenidos de lo inconsciente colectivo», emparentados de algún modo con los postulados sobre el superyó al que en trabajos posteriores se refiriera el padre del psicoanálisis, una figura, como es bien sabido, que linda entre la consciencia y la inconsciencia. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;Nótese en este sentido que aunque discípulo de Freud, Jung construyó su escuela de la psicología clínica alejándose del austriaco, al que ya leyó —como mucho tiempo después sus críticos corroborarían— como un intelectual apresado por sus monolíticas interpretaciones. En palabras del propio autor: «Anticiparé desde ya que mi concepción se diferencia de la teoría psicoanalítica en que sólo adjudico una limitada significación a la madre personal. Con esto quiero decir que todos esos efectos de la madre sobre la psique infantil pintados por la literatura no provienen meramente de la madre personal, sino más bien del arquetipo proyectado sobre la madre, el cual da un fondo mitológico a ésta y le presta de ese modo autoridad y numinosidad.»&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;Leído en retrospectiva, no deja de resultar Arquetipos e inconsciente colectivo un anticipo a la construcción social de la sexualidad desde el momento en que Jung esboza cómo cada sexo contiene a su contrario (adviértase aquí la idea arquetípica y suprahumana de la syzygia o «coniunctio de lo masculino-femenino»); a partir de entonces, el psicólogo disecciona las formas del anima y animus, con los cuales apela a las expresiones femenina y masculina de sendas psiques masculina y femenina. Mención especial merece, pues, el tercer capítulo —acaso la pieza más pragmática del libro—, dedicado a los aspectos psicológicos del arquetipo de la madre. En él glosa Jung una serie de conductas derivadas del complejo materno en hombres y mujeres, dando lugar al abanico de personajes caracterizados por «la exaltación del eros», «la hipertrofia de lo materno», «la homosexualidad», o «el donjuanismo». &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-4396730200100946083?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/4396730200100946083/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=4396730200100946083' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/4396730200100946083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/4396730200100946083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/07/arquetipos-e-inconsciente-colectivo-de.html' title='&apos;Arquetipos e inconsciente colectivo&apos;, de Carl Gustav Jung'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-498832387111021958</id><published>2009-05-22T19:09:00.001+02:00</published><updated>2009-06-26T06:48:10.513+02:00</updated><title type='text'>Slavoj Zizek, Seis reflexiones marginales. Sobre la violencia</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Seis reflexiones marginales&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, del excelente heredero de Jacques Lacan y revulsivo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;outsider&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; académico Slavoj Zizek (Liubliana, 1949), debe ser entendido como ensayo ejemplar sobre las lecturas simbólicas y políticas que la violencia presenta en la era de la globalización (de la revuelta en los suburbios franceses en 2005 al conflicto palestino, pasando por el fundamentalismo religioso, el 11-S y los horrores de los totalitarismos fascistas y estalinista), en la medida que el esloveno demuestra de largo su habilidad para escapar a un debate cuya opción más tentadora consiste en arrojarse del lado de unos simplistas pares antitéticos, alimentando así la significación estructuralista de los acontecimientos; por citar un ejemplo, asistimos al poliédrico zigzagueo de un Zizek que, por una parte, recurriendo a &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El camino de Wigan Pier &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;de George Orwell (y, consciente o no, sumándose a la nómina de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;sociólogos de la intelligentsia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; que incluye a Pierre Bayard, Alessandro Baricco o Pierre Bourdieu) apuntala la defensa de unos intereses de clase en la figura del intelectual («El izquierdista académico de hoy que critica el imperialismo cultural capitalista en realidad se horroriza ante la idea de que este campo de estudio pueda desaparecer», afirma); y por otra, ejecuta una paráfrasis de Walter Benjamin sobre la «culturalización de la política»: «Las diferencias políticas, derivadas de la desigualdad política o la explotación económica, son naturalizadas y neutralizadas bajo la forma de diferencias “culturales”, esto es, en los diferentes “modos de vida”, que son algo dado y no puede ser superado.» Ergo, no cabe duda de que en Zizek hay todo lo deontológicamente acertado que pueda exigírsele a un pensador de peso: compromiso con una producción de capital cultural rigorista y sesuda, en contraposición al mero compromiso con un ideario político cuya silueta es perceptible por sus límites (y limitaciones). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;SOS Violencia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, primera de las seis disertaciones que estructuran el libro, conforma una durísima crítica a la deriva social del capitalismo, recientemente (re)generada a partir del &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;lobby&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; de «comunistas liberales» (George Soros y Bill Gates a la cabeza) y su pretensión por apagar las propuestas de los nuevos movimientos sociales altermundialistas en lo que Zizek apela como la construcción de Porto Davos (simbólica simbiosis entre las dos ciudades más ideologizadas del mundo: Porto Alegre y Davos). El texto de Peter Sloterdijk &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Zorn un Zeit&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; —crítica al &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Sein und Zeit&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; de Heidegger— viene a repetir la idea de cómo el liberalismo fagocita cualquier conato de alternativa: «el capitalismo culmina cuando produce fuera de sí mismo su opuesto más radical —y el único provechoso—, totalmente diferente del que la izquierda clásica, atrapada en su miseria, fue siquiera capaz de soñar», de modo que estos emergentes &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;geeks&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; contraculturales sostienen que para ofertar ayuda, antes es necesario producir; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;acumular&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;; por su parte, y tras una serie de rodeos aventurándose en la psicología del nuevo arquetipo social que en nada tiene que ver con el &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;yuppie&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; de los noventa, Zizek concluye: «Precisamente porque quieren resolver todas las disfunciones secundarias del sistema global, los comunistas liberales son la encarnación de lo que está mal en el sistema como tal.» No obstante, habremos de esperar hasta la referencia a la teoría de la justicia por John Rawls propuesta, para confirmar que la mencionada deriva social no puede devenir edificante habida cuenta del predominio de un superyó en donde las normas establecen que la trampa de la envidia/ resentimiento aprueba el principio del juego de suma cero, e implica que para ganar uno es necesaria la derrota del otro. Kissinger —que causó la muerte de decenas de miles de personas durante el bombardeo de Camboya— como versión occidental del mismísimo Mohammed Atta, o la subordinación femenina a la cirugía plástica a fin de mantenerse visible en el mercado del sexo —impelida siempre por la idea de «libertad para decidir»— como contrapartida al yugo de la mujer en las sociedades islámicas, ilustran los interrogantes abiertos frente al etnocentrismo dominante. Ahora bien, tampoco escapa la dudosa reacción fundamentalista a estas seis reflexiones marginales, dado lo sugestivo de sospechar que la construcción identitaria de los terroristas acaece en ese espejo que en Occidente encuentra: «Si los llamados fundamentalistas de hoy creen realmente que han encontrado su camino hacia la verdad, ¿por qué habían de verse amenazados por los no creyentes, por qué deberían envidiarles? Cuando un budista se encuentra con un hedonista occidental, raramente lo culpará. Solo advertirá con benevolencia que la búsqueda hedonista de la felicidad es una derrota anunciada.» &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Zizek es, en cambio (como casi todos los pensadores que desatienden cánones de lecturas e incorporan en sus planteamientos creaciones pluridisciplinares —y así seguirá siendo hasta el hallazgo de nuevas metodologías dispuestas a establecer un cierto orden en el caos general), un pensador solipsista: la determinante multireferencialidad en su(s) ensayo(s) y las idas y venidas multidisciplinares, de la teoría política al psicoanálisis o la crítica cultural —evidentemente, un hándicap que induce a la desorientación del lector—, encuentran un objetivo último y subrepticio en la clasificación de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;background&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; del propio autor, pues favorece que la recepción atienda al texto con mayor o menor fruición en base a la sincronía que quepa establecerse con las obras recicladas para la exposición de una teoría; gesto que puede percibirse en la profusión de nexos o bisagras con que ensamblar afluentes a la corriente argumental que protagoniza &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Sobre la violencia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-498832387111021958?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/498832387111021958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=498832387111021958' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/498832387111021958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/498832387111021958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/05/slavoz-zizek-seis-reflexiones.html' title='Slavoj Zizek, Seis reflexiones marginales. Sobre la violencia'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-5070058557166899973</id><published>2009-06-26T06:45:00.001+02:00</published><updated>2009-06-26T06:47:29.486+02:00</updated><title type='text'>Agustín Fernández Mallo: «La poesía está anclada en  modos muy superados por la sociedad»</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Avalado por su condición de finalista en el último Premio Anagrama de Ensayo, Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) acaba de sacar al mercado &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Postpoesía (Hacia un nuevo paradigma)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;; una publicación que habremos de calificar como &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;necesaria&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;, no exenta, eso sí, de valoraciones que estimulan al debate y la controversia, tal como recientemente atendemos en cada uno de los movimientos ejecutados por autores que desde una serie de editoriales emergentes (Berenice o Candaya —de donde Mallo proviene— entre otras), están tomando posiciones centrales en el contexto intelectual y editorial en nuestro país. Ante un panorama como el descrito, quien probablemente sea el más accesible y divulgativo de los escritores pertenecientes a este segmento de la nueva narrativa y ensayística española respondió a algunos de los más acuciantes interrogantes surgidos tras de la lectura de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Postpoesía&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:1.0cm"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La noción del ensayo de Mallo descansa en la voluntad deontológica de denunciar el anquilosamiento del grueso de la poesía española a partir de una caterva bastante identificable de formas, campos semánticos (repásese en el modo automático con que la corporeidad o la naturaleza proceden en la disciplina poética a adquirir cualidad de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;entes nobiliarios&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;) o referentes, que en nada tienen que ver con el espíritu de la contemporaneidad, caracterizado por la especial relevancia que vendrían a tomar el discurso publicitario o científico. Tal como el autor asevera en el texto: «la interpretación quizá más exacta de lo que entendemos por experiencia estética hoy, es la que da Gadamer al decir que la experiencia de lo bello se caracteriza por darse en una comunidad que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;consensuadamente&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; disfruta del mismo tipo de objetos que producen en ella similares sensaciones estéticas». Luego la reivindicación de Mallo pasa en primera instancia por el cuestionamiento de qué es aquello digno de ser asumido en un poema. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:1.0cm"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Sea como fuere, semejante interrogación constituye, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;a priori&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;, uno de los más manidos métodos de acción a la hora de ampliar el horizonte de expectativas de la comunidad receptora: Duchamp, qué duda cabe, es el ejemplo más relevante al introducir su famoso urinario en el museo. El realismo sucio y toda la narrativa caracterizada por un sustrato de clase obrera —revisada con gran acierto en un reciente artículo de Kiko Amat para el suplemento &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Cultura/s&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La Vanguardia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;— trabajaron de la misma forma. Igual sucede con el expresionismo abstracto de Pollock, que eleva a lo sublime no la obra de arte sino el procedimiento de construcción de la misma, la narrativa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;norteamericana de los años 50 y 60, o toda la filosofía pop que procede a soslayar la abstracción conceptual en aras del análisis de las producciones del mercado. Por su parte, Fernández Mallo se defiende: «Hay que aclarar que la sociedad pasa de la poesía no porque la poesía esté muy avanzada, sino por lo contrario, porque se ha quedado anclada en modos y maneras ya muy superados por la propia sociedad o, sencillamente, por la “vida”.»&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:1.0cm"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Asimismo, al amparo del encomiable y acertadamente arriesgado libro de Vicente Luis Mora que lleva por título &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; (Bartleby, 2006), Mallo desarrolla el concepto Poesía Ortodoxa —en contraposición a su Poesía Postpoética—, que, aparte de lo ya abordado en el primer párrafo, aparecería&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;identificado por &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;rasgos como la oposición frontal a la sociedad de consumo, un «cosmos predigital» y un «egocentrismo autista», además del prurito de resistencia endogámica («solo gusta a los poetas»), la proyección de una «imagen difícil», el objetivo último de la oralidad o la declamación, o la asociación con la alta cultura, de lo que se deduce que «debe parecer que aburre». &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:1.0cm"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;No deja de llamar la atención, pues, la ausencia de referencias a contemporáneos del autor como puedan ser Javier Moreno, Sofía Rhei, Manuel Vilas o Mercedes Cebrián, por citar algunos de los ejemplos más evidentes. A ello responde el autor de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Nocilla Dream&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; del siguiente modo: «Dar nombres incluye necesariamente dejar otros. Precisamente el libro está planteado como integración, no como exclusión. Supondría meterse en guerras que únicamente llevan a la endogamia, y al consecuente atraso.» A ello sigue una sugestiva lectura sociológica —&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;vox populi&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;— de cierta maleficencia vigente en los circuitos poéticos: «Date cuenta que con la poesía no se gana ni un euro, lo que equivale a decir que la única recompensa que tiene es el ego, la vanidad. Eso ha sido lo que, sólo en parte, la ha llevado a ser una disciplina socialmente atrasada —los debates que se dan en poesía son hoy impensables en la música o las artes—, y a las más bestias luchas internas y fratricidas. Auténticas “guerras civiles”.» Empero, y a pesar de la intención de evitar esas guerras civiles, lo que el libro en cuestión anuncia es que nuestra contemporaneidad —&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;posmodernidad tardía&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;, siguiendo sus propias palabras en referencia a Nicolas Bourriaud— no tiene «aún su legítimo correlato en la poesía escrita en castellano». &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:1.0cm"&gt;&lt;span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style=" font-variant:small-caps"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La noción de lo político en ‘Postpoesía’&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Dice Carl Schmitt que «la distinción política específica a la que las acciones y los motivos políticos se pueden reducir es sencillamente la distinción entre amigos y enemigos». Mark Lilla explica: «&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal; mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;porque todo (moral, religión, economía, arte) puede, en casos extremos, convertirse en un instrumento político, en un encuentro con un enemigo y transformarse en una fuente de conflictos.» La propia portada de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Postpoesía&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal; mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; advierte ya que lo que sigue es un texto, en el sentido que dicta Schmitt, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;político&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style: normal;mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;, es decir concebido para obligar al lector a situarse entre las dos corrientes descritas: Ortodoxos frente a Postpoetas. Adviértase en este sentido que uno de los más interesantes aspectos que presenta la obra es la invitación a la reflexión por parte del lector inteligente, y no a la adscripción sin matices a una u otra &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;escuela&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal;mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;: más bien al posicionamiento en un camino intermedio —siguiendo un proceso de dialéctica hegeliana— entre los extremos del debate; y aunque Mallo defiende en primera instancia la opción de subvertir presupuestos creativos y taxonómicos desde su ensayo, igualmente señala: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:1.0cm"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal;mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;—Mi intención era colocar al lector en una tierra de nadie, en un espacio aún sin sembrar ni edificar, fronterizo. Y para ello utilizo en ocasiones tierras vírgenes, y otras ocasiones lo contrario, tierras que ya han sido sobreexplotadas y ahora sólo quedan sus ruinas, su basura, sus residuos, en principio inactivos, que dejan de serlo a través de un nuevo enfoque. Eso rompe con las taxonomías, que, queramos o no, siempre son derivaciones de presupuestos creativos relativamente solidificados. Como cuento y explico en el libro, me interesan los extrarradios de la creación literaria. En ese sentido lo que he intentado es dar a entender por qué en es necesario olvidarse de las taxonomías típicas de la poesía española, la separación por escuelas históricamente enfrentadas, ya se agotan en su endogamia. La Postpoesía no las niega como praxis, sino como categorías, y las asume dentro de un marco mucho más amplio, en el que, por ejemplo, un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;spot&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal;mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; televisivo puede ser un poema, al igual que un fragmento científico, o las instrucciones de tu lavadora, etcétera. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="NoSpacing" style="text-align:justify;text-indent:1.0cm"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal;mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Huelga decir que acuñar un concepto como &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Postpoesía &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal;mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;—cuyas connotaciones refieren un evidente antes/ después de las teorías definidas por el escritor— irrumpe de lleno en una dinámica moderna (acaso perversión de la influencia del discurso publicitario) en la que los ensayistas ansían construir un sello de identidad personal con el cual apelar a un periodo histórico aparentemente novedoso, según podemos observar en la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;modernidad líquida&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal;mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; de Zygmunt Bauman, el &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;capitalismo de ficción&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal; mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; de Vicente Verdú, la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;hipermodernidad&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal;mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; de Gilles Lipovetsky, o la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;posmodernidad tardía&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-style:normal;mso-bidi-font-style:italic"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; de Bourriaud. Así pues, Mallo protege su concepto: «&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;En efecto, todos esos términos que citas no son más que “la contemporaneidad”, pero ninguno hace incidencia directa en la poesía, son términos estrictamente sociológicos o más centrados en la sociología. En este sentido, la postpoesía los maneja, se vale de ellos para elaborar su teoría particular, centrada en la poesía española de hoy. Cierto que hay sobresaturación de términos, pero no de términos que aludan directamente a la poesía. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'times new roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Si fuera a repetir todas esas teorías, no hubiera escrito el libro.»&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-5070058557166899973?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/5070058557166899973/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=5070058557166899973' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/5070058557166899973'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/5070058557166899973'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/06/agustin-fernandez-mallo-la-poesia-esta.html' title='Agustín Fernández Mallo: «La poesía está anclada en  modos muy superados por la sociedad»'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-7906066258848039808</id><published>2009-05-30T19:41:00.000+02:00</published><updated>2009-05-30T19:42:28.641+02:00</updated><title type='text'>El hombre del traje gris, Sloan Wilson</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-language:ES"&gt;Elevado a la categoría de icono pop durante los años posteriores a la II Guerra Mundial en EEUU, aún hoy cuesta discernir qué clase de artera seducción contiene el libro que dio origen a la expresión ‘Él hombre del traje gris’, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;longseller&lt;/i&gt; que hasta hoy se ha mantenido inamovible en las baldas de las librerías desde su aparición en 1953. Es obvio que Sloan Wilson (1920-2003) consiguió reunir con una prosa que jamás se excederá en virtuosismos —a todas luces desarrollada a partir de la noción de hombre unidimensional como lector implícito de la obra, aunque no por ello el autor limite la dignidad a su público potencial— las miserias de una clase media atormentada por virus psicológicos o la pandemia del superyó, es decir que nada de lo descrito resulta especialmente agradable ni complaciente. Wilson, pues, traduce y parafrasea con excelencia al ciudadano medio las tesis que Freud cinceló en ‘El malestar de la cultura’: Occidente como arquitectura penal elevada en forma de panóptico (Bentham), y habitando la misma, un sujeto neurótico frustrado por los ideales de cultura y el estado de alarma permanente que le son impuestos (&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-language: ES"&gt;«&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language:ES"&gt;Después de cerca de doce años de matrimonio, todavía no se había habituado del todo a la buena fortuna de haberse casado con una mujer tan guapa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-language: ES"&gt;»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language:ES"&gt;), aquejado también de una falsa nostalgia en la medida que sospecha la posibilidad de volver a ser feliz al suprimir o atenuar el grado de exigencias culturales. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;De este modo nos hallamos en los barrios residenciales de Connecticut, donde la pareja de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Wasp&lt;/i&gt; que conforman Tom y Betsy Rath se esfuerza de forma más o menos patética en trepar por la escala social; ella como &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;housewife&lt;/i&gt; que cuida de sus hijos y la economía doméstica, y que además pretende ser una válvula de ambición lucrativa para su marido; él, convencido de que tras servir a la patria durante la II Gran Guerra merece obtener una recompensa por ello, en su nuevo empleo como publicitario para la United Broadcasting Corporation, a cuya cabeza se encuentra Hopkins, arquetipo de hombre dedicado exclusivamente a la optimización de su prosopon en el espacio público, sin tiempo para pensar en nada que no sean los negocios: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;«&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;Sobre este hombre circulan toda clase de historias; entre otras solían contar que tenía dos hijos y que durante los veinte últimos años ha estado dos veces en su casa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt; No en vano la novela arranca con una escena simbólica de las pretensiones de esa ‘mid-class’ que Wilson disecciona, a saber, la entrevista de trabajo para su nuevo empleo en las oficinas de Hopkins, donde una apabullante hipocresía —pero por todo el mundo reconocida— sale a la luz cuando Tom afirma haberse interesado desde siempre por la salud mental, disciplina sobre la que habrá de redactar discursos. Con todo, es posible que con el paso de las décadas ‘El hombre del traje gris’ haya perdido vigor (la esencia de la cultura pop y sus reacciones así lo precisan); no obstante, pocos documentos sobre las angustias del bienestar en la posguerra americana hay más esclarecedores que éste. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-7906066258848039808?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/7906066258848039808/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=7906066258848039808' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/7906066258848039808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/7906066258848039808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/05/el-hombre-del-traje-gris-sloan-wilson.html' title='El hombre del traje gris, Sloan Wilson'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-1916494451324862165</id><published>2009-05-09T13:33:00.000+02:00</published><updated>2009-05-09T13:34:46.171+02:00</updated><title type='text'>Contra el arte y otras imposturas, Chantal Maillard</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;Chantal Maillard, incuestionable tótem de la poesía española a la que avalan magníficas colecciones como &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Hilos&lt;/i&gt;, regresa a los estudios de Estética y Orientalismo de la mano de ‘Contra el arte y otras imposturas’, un &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;patchwork&lt;/i&gt; de artículos y conferencias ahora reunidos y ampliados en tres bloques que apuntan a direcciones tan divergentes como son la globalización y su estética de lo &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;kitsch&lt;/i&gt;, la metafísica, el dolor o la interpretación del mundo desde la perspectivia india. Adviértase en primer lugar que la posición en la que la poeta y ensayista decide situarse constituye la asunción de un riesgo y una opción moral personalísima, no siempre todo lo justificada que cabría esperar, pero de cualquier modo sugestiva y enriquecedora por lo esotérico de algunas de sus cuestiones planteadas, algunas de ellas bastante improbables en la ensayística contemporánea. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;Así, Maillard abraza la definición de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;kitsch&lt;/i&gt; formulada por Hermann Broch (&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;«&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;connota el engaño de hacer pasar una cosa de poca valía por otra valiosa procurando imitar la primera en la segunda&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;) para acusar el empobrecimiento hacia el que nuestra cultura se arroja: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;«&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;Es el ‘como sí’ de las culturas empobrecidas y decadentes. Un ‘es-pero-no-es’ que no llega a ser metáfora porque se queda en las aguas residuales del ‘quiero-pero-no-puedo’&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;»; aserto rayano en la falsa nostalgia posmoderna de un espíritu noble —aristócrata, diríase— que anhela un pasado más puro, como si la generalización de ese simulacro (que igualmente podría ser referido bajo el concepto de Narduzzi y Gaggi &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;sociedad de bajo coste&lt;/i&gt;) no contuviera en sí &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;un sustrato de socialización de aquellas mercancías hasta hace poco solo eran accesibles a los espectros sociales más ricos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;Ante este panorama de incomodidad para la autora, crítica con lo que a su modo de ver supone la fagocitación de los ornamentos orientales y su vaciado de significación o contenido por parte de la cultura de la globalización, Maillard aboga por la defensa de los valores que rigen La India, espacio del que nos ofrece una descripción plausible a partir del abrazo a lo que Racionero llamaría &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Filosofías del Underground&lt;/i&gt;, o la dialéctica de reacción en los sistemas de pensamiento opuestos al racionalismo presente en prácticamente toda la Historia de la Filosofía Occidental. La espontaneidad que determina los modos de actuación del país —incluido un tráfico regulado &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;«&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;desde la intuición de cada uno&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;»—, y sobre la cual aboga también en sus reflexiones poéticas,&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt; o el enaltecimiento de la feminidad en la ideología de los géneros por Vadani Shiva propuesto (&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt; mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;«&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;Ella propone que el modelo de género se sustituya por el modelo de la inseparabilidad de los opuestos: &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;purusa-prakti&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt"&gt;) son defendidos por una autora que pone en cuestionamiento el arquetipo de desarrollo occidental, desafiando los pilares de su dudoso etnocentrismo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-1916494451324862165?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/1916494451324862165/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=1916494451324862165' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/1916494451324862165'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/1916494451324862165'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/05/contra-el-arte-y-otras-imposturas.html' title='Contra el arte y otras imposturas, Chantal Maillard'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-1937754186583374307</id><published>2009-04-18T07:19:00.003+02:00</published><updated>2009-04-18T07:24:35.569+02:00</updated><title type='text'>'Un paseo solitario', de Gul Y. Davis</title><content type='html'>&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNoSpacing"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Tres años después de su irrupción en el mercado editorial, el proyecto que desde Cáceres está llevando a cabo Periférica constituye, sin lugar a dudas, uno de los más seductores y esotéricos fenómenos del panorama literario actual. A saber, promotores de lo que ha venido a conocerse como «edición de bolsillo de lujo», aunque sin excesivas inversiones en aparatos publicitarios (todas las portadas de sus títulos, apenas diferenciadas por la ilustración central, respetan una misma estructura), el catálogo de la editorial ha acogido clásicos europeos incuestionables (de Giovanni Verga a Pérez Galdós pasando por Benjamin Constant o Guy de Maupassant), contemporáneos inclasificables herederos de la mejor prosa experimental del siglo &lt;span style="FONT-VARIANT: small-caps"&gt;xx&lt;/span&gt;, como es el caso de Valérie Mréjen; y, acaso uno de sus más agradables señas de identidad, iconoclastas muy-&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;muy&lt;/i&gt; cerebrales: dinamitadores del sistema desde una posición elegante y sesuda, revolucionarios de la narrativa política —aunque a la postre, toda manifestación creativa lo sea—; nada de populismos facilones, en definitiva. Hablamos de autores como Rodolfo E. Fogwill (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Help a él&lt;/i&gt;), Lionel Tran (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Sida mental&lt;/i&gt;) o Gul Y. Davis.&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNoSpacing"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Siguiendo la estela del francés Tran, recientemente reseñado en este suplemento, Periférica regresa de nuevo sobre la estética de la Europa más &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;underground&lt;/i&gt;. Para el caso que nos corresponde, Gul Y. Davis (1973) constituye una suerte de sosias del autor de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Sida mental&lt;/i&gt; trasladado a territorio británico, si bien aquí permutamos la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;banlieue&lt;/i&gt; de Lyon por distintas instituciones erigidas como penitenciarias o pseudopenitenciarias —centros de acogida, hospitales y sanatorios—, retrotrayéndonos así al debate foucaultiano sobre la enfermedad mental y sus erradas decodificaciones sociales. Así, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Un paseo solitario&lt;/i&gt; es el testimonio en primera persona de Wil Shaw, adolescente de dieciocho años que aparece devorado (anulado) por la afección nerviosa; algo que exige a Davis recurrir a ciertas herramientas de largo familiares en la posmodernidad, como puedan ser la deriva estética del discurso violento, siempre impostada desde un registro de asepsia —casi nihilista—; o las variaciones sobre distintos tabús que el psicoanálisis se ha ocupado de catalogar, haciendo especial hincapié en la figura de Edipo o la castración. Dos características (violencia y tabú) que encuentran un particular clímax cuando Wil recuerda cómo de niño, compartiendo un baño con su padre, éste le imparte una lección magistral sobre cómo perpetrar una masturbación; gesto que con posterioridad deviene repulsión hacia el acto sexual. Añádanse entonces otros &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;leitmotivs&lt;/i&gt; como la imposibilidad de comunicación, el drama familiar y el amor (adolescente) no correspondido, para obtener un resultado reconocible —sobre todo si son seguidores del comic, digámoslo así, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;indie&lt;/i&gt; en Europa—, pero no por ello menos excitante. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Un paseo solitario&lt;/i&gt; es, desde luego, una lectura muy recomendable. &lt;/span&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-1937754186583374307?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/1937754186583374307/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=1937754186583374307' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/1937754186583374307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/1937754186583374307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/04/un-paseo-solitario-de-gul-y-davis.html' title='&apos;Un paseo solitario&apos;, de Gul Y. Davis'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-8660315758555907004</id><published>2009-04-16T23:16:00.001+02:00</published><updated>2009-04-16T23:17:32.974+02:00</updated><title type='text'>Órbita, de Serrano Larraz</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Antes de iniciar su partida a Maryland, Ebenezer Cooke (1665-1732), poeta londinense que serviría de inspiración a John Barth para la escritura de ‘El plantador de tabaco’, se lamenta en la obra mencionada ante la sola idea de pensar «un pueblo entero sin nadie que les cante», de modo que lo que Barth discute en este pasaje en donde figura manifiesto el conflicto entre la Vieja Europa y la nueva colonia americana desprovista de tradición cultural, no es sino el desafío añadido que para un autor supone circunscribir su trabajo a escenarios sin precedentes históricos; escenarios más o menos vulgares cuya apelación no suscita ninguna clase de connotación estética: «¡Menuda; es trabajo para un Virgilio!», llega a exclamar Ebenezer Cooke en pleno éxtasis especulativo. Y a decir por el prólogo de Manuel Vilas para la colección de relatos ‘Órbita’, Miguel Serrano Larraz (Zaragoza, 1977) también aspira a ser investido como Nuevo Virgilio Zaragozano, acaso un rasgo chovinista o localista en esa emergente generación de escritores provenientes de la ciudad baturra de la que Vilas habla. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;He aquí que Serrano Larraz presenta en ‘Órbita’ una confusa macedonia de rasgos seductores y otras tantas incertidumbres, pues aunque ninguna de sus ficciones escapa al frescor de la actualidad y a la voluntad de reivindicar un nicho generacional, igualmente no deja de incomodar al lector la influencia, muchas veces obscena, que sobre él han ejercido Roberto Bolaño y el propio Vilas, quien a ratos también disfruta de homenajear compulsivamente al primero. De hecho, en el relato que abre el libro y da título a éste, Serrano Larraz no se presenta como simple imitador del chileno, sino directamente como &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;falsificador&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;: En “Órbita”, cuento que técnicamente es sobresaliente, el autor abusa incansable del más conocido recurso narrativo del chileno, a saber, las tres hipótesis o la triple posibilidad impostadas desde una voz exagerada y casi siempre con pretensión cómica, es decir, desde la voz del excelente monologuista que Bolaño fue. Por ejemplo: «El editor, asustado por el tono con que Bernardo se había dirigido a él, y asustado también por el tono con que Bernardo se había despedido de él, decidió asistir al encuentro acompañado, o escoltado, por tres conocidos, o por tres amigos, o tal vez por tres empleados de una empresa de seguridad», dice en “Órbita”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Continúa el eclipse del autor de ‘2666’ con apelaciones marginales al nazismo, viajes sin explicación aparente y geniales intelectuales que permanecen a la sombra de la vida pública. Serrano Larraz consigue, de hecho, que el lector se pregunte si este cuento constituye una parodia a la ficción bolañesca, si bien todo apunta a un indiscutible empacho de la misma, aunque añadiendo los detalles localistas arriba expuestos y permutando apócrifos aspirantes al Nobel por escritores de manuales de matemáticas para estudiantes de Secundaria (Serrano Larraz, como buena parte de los autores emergentes españoles, proviene de las Ciencias Exactas). Con “Shaman’s Blues” ocurre lo mismo, con la salvedad de que el zaragozano rescata ahora la faceta de conferenciante hiperbólico, histriónico e irreverente —recogida sobre todo en ‘Entre paréntesis’— del chileno.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNoSpacing" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Por eso mismo Serrano Larraz da lo mejor de sí mismo con aquellas piezas que componen costumbrismos contemporáneos en donde si hay un ingrediente en abundancia, eso es, sin ninguna duda, la humanidad, la cercanía para con el lector. Como el excelente “Zaragoza, a 8 de noviembre de 2002”, epístola al mismísimo Bryce Echenique en torno a la ruptura de una relación entre universitarios por culpa de una beca Erasmus, salpicada por reflexiones evidentes, aunque no por ello menos necesarias, sobre educación sentimental. O “Estrategias del aplauso”, especie de flujo de conciencia en segunda persona sobre el distanciamiento de las amistades conforme llega la madurez. O “Cuerpo y alma”, acontecido «en un restaurante vegetariano que organizaba “despedidas de soltero alternativas”», y donde el retrato generacional vuelve a alcanzar un nivel consistente. Ante un panorama así podemos concluir que Serrano Larraz aporta con ‘Órbita’ una colección verdaderamente entretenida, en donde solo queda un detalle que recriminar al escritor: la falta de ambición y el exiguo deseo de superar a sus influencias. Con un poco de suerte, el zaragozano puede deparar muchas sorpresas aún. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-8660315758555907004?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/8660315758555907004/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=8660315758555907004' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/8660315758555907004'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/8660315758555907004'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/04/orbita-de-serrano-larraz.html' title='Órbita, de Serrano Larraz'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-985110368772627688</id><published>2009-04-06T22:04:00.000+02:00</published><updated>2009-04-06T22:06:40.690+02:00</updated><title type='text'>Las ciudades creativas, de Richard Florida</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_7CyeRZpl0FU/SdpgvyqN7HI/AAAAAAAAAl4/9TWAHDUNooo/s1600-h/documento+5.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; 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charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 12"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 12"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CANTONI%7E1.ROD%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;link rel="themeData" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CANTONI%7E1.ROD%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_themedata.thmx"&gt;&lt;link rel="colorSchemeMapping" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CANTONI%7E1.ROD%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_colorschememapping.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:trackmoves/&gt;   &lt;w:trackformatting/&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt; 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  &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" unhidewhenused="false" name="Revision"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="34" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="List Paragraph"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="29" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Quote"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="30" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Quote"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 2"&gt; 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  &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 5"&gt; 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Una tradición que encuentra sus orígenes allá por 1990 con la publicación en Eastgate de ‘Afternoon, a Story’, novela de Michael Joyce —«el Homero del hipertexto», como de él dijera la publicación alemana Der TAZ— fervientemente defendida por Robert Coover; y que para el caso español ha generado ficciones más o menos rupturistas como puedan ser el relato de Jordi Carrión de 2007 que lleva por título ‘Búsquedas’ (apócrifas entradas en Google cuyo objetivo es el trazado de pasadizos entre Andalucía y Cataluña), o esa otra novela inicialmente publicada como entradas para un blog compartido y posteriormente editada con el —acaso petulante— nombre de ‘Hotel Posmoderno’ (2008). &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Lo que Olmos propone en ‘Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder’ pasa por una provocación al concepto de lo literario, pues a diferencia de ‘Hotel Posmoderno’, las entradas de los distintos blogs aquí recogidos no fueron escritas con el objeto inicial de su aparición en papel. En palabras del autor de ‘Tatami’, y siguiendo cierto postulado estético según el cual la literatura deviene expresión &lt;i style=""&gt;perversa&lt;/i&gt; de la sentimentalidad en tanto que entronca con unas formas prefiguradas, los blogueros que alimentan las piezas del libro constituyen «un puñado de voces sin excesiva ambición literaria pero, quizá por eso, cargadas de honestidad». Ergo, precisamente por ello, sería errado pretender aplicar una metodología crítica convencional aquí, dado que aquello a lo que nos enfrentamos no es literatura en un sentido estricto (o lo que es igual, sus autores no parten con una voluntad explícita de ser catalogados bajo esta etiqueta), sino más bien cierta conjunción de piezas netamente confesionales, las más de las veces salpicadas de desaliento y rabia típicamente urbanitas: razón suficiente para poner de muy mal humor a quienes decidan decodificar ‘Algunas ideas buenísimas...’ como un signo más de la colonización cibernética (los ratos muertos que ello implica, así como su capacidad para atraer información basura) sobre esa otra cultura condenada a elevar el estado del alma. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Habida cuenta del actual debate reabierto en torno a la ontología de los géneros, sorprende el gesto de la editorial de no presentar el libro como novela fragmentaria, sino solo como novela (sin ninguna otra etiqueta) cuyo argumento descansa en la «existencia en medio del desierto», por lo que en todo caso convendría ser clasificada como «novela conceptual». También hay en ‘Algunas ideas buenísimas...’ auténtico compromiso con la actualidad en esa tentativa de Olmos por convertir en género literario los estados en Twitter, o en prosa los spam de mendicidad electrónica desde supuestos países tercermundistas. De igual modo conviene destacar la profusión de ideas acertadas provenientes de voces anónimas, siempre a través de idiolectos ingeniosos, relajados, cínicos y epigramáticos como eslóganes; a saber: «todos querríamos que nuestras tonterías fueran leídas por una cantidad ingente de desconocidos pero nunca por nuestro círculo cercano» (Supercrisis), o «—¿diferencia entre follar y hacer el amor? Yo, si sudo, es que estoy follando (María G. Abril). Por último, especial interés merecen las voces de los blogueros Supercrisis y Eritrea, quien a través de sus disertaciones sobre el patetismo universitario recuerda sospechosamente —aunque en una versión mucho más ligera (en efecto, menos ambiciosa)—, a aquel brillante Alberto Olmos de ‘A bordo del naufragio’. &lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-2908815580154608134?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/2908815580154608134/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=2908815580154608134' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/2908815580154608134'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/2908815580154608134'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/04/algunas-ideas-buenisimas-que-el-mundo.html' title='Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, VVAA'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-3472274863490487219</id><published>2009-03-16T11:41:00.000+01:00</published><updated>2009-03-16T11:42:06.777+01:00</updated><title type='text'>'Temporada de caza para el león negro', de Tryno Maldonado</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Temporada de caza para el león negro&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, del escritor mexicano Tryno Maldonado (Zacatecas, 1977), alcanzó la fase final del XXVI Premio Herralde de Novela y fue celebrada por el jurado del mismo junto a otros dos autores emergentes, Carlos Busqued (Argentina, 1970) y José Morella (España, 1972). Así pues, conviene anunciar en primera instancia que con este breve texto fragmentario en torno a un «&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;enfant terrible&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; del arte» (asunto de ultimísima actualidad: la perversión de su mercado y la influencia desmedida del aparato mediático), Tryno Maldonado logra uno de los desafíos más importantes al que todo novelista de calibre ha de hacer frente, es decir, la empatía para con el lector. Sabemos en este sentido que el protagonista de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Temporada de caza&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, Golo, «daba más la impresión de ser un niño bien con una semana sin bañarse», que el narrador encuentra en la universidad la vía rápida para zafarse de la moral conservadora familiar, que el protagonista es cínico, envidia a sus colegas creativos porque él apenas tiene estudios —«en su vida había leído un libro», se dice—, y jamás salió de su ciudad; todo ello sin dejar de ser nunca un icono de su tiempo. Ergo, lo que el mexicano propone es una lectura a distintos niveles que finalmente solo será cerrada por la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Weltanschung&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; elegida por el lector, pues a los ojos de este Golo puede ser: a) expresión del &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;American Dream&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; frente a esos otros niños de papá que lideran el arte contemporáneo; b) (siguiendo con lo anterior) pisotón al superego o código normador del lector virtual que se presume para &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Temporada de caza&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;... (entiéndase que hoy sigue siendo la literatura un circuito endogámico donde hay cabida para infinidad de universitarios pequeñoburgueses: nada que ver con el espíritu lumpen de Golo); c) poco más que un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;hype&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; mediático. Un tarado más devastado por las drogas y los excesos del mercado —parábola del consumo, por cierto, como observamos en esa bulimia que le lleva a comer &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;fast food&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; hasta reventar («Vomitaba todo y empezaba de cero»)—; d) todo lo anterior; e) nada de lo anterior. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;De igual modo, Golo, pero también el narrador de la novela, parece un personaje desarrollado por algún artero laboratorio publicitario. Prácticamente todos los pasajes de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Temporada de caza para el león negro&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; añaden sutilísimas crónicas intrahistóricas del siglo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;xxi,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; en una suerte de, llamémoslo así, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Costumbrismo Cool&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;. Piénsese en detalles tales como que jamás cambia sus tenis Converse, encuentra ideas para sus proyectos en revistas de tendencias, y su éxito radica en ese personaje que a sí mismo se crea. (Como la historia del &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Cubo de Ernö Rubik en rojo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;: cómo llega a convertirse en una de sus más populares obras —sospechamos— tras esa simpática historia en la que decide aplicar una mano de pintura roja por su incapacidad para hallar resolución al problema.) Ahora bien, habida cuenta del riesgo que entraña abrazar un vasto registro de referencias provenientes de la cultura pop, Maldonado queda atrincherado en un área prudencial; apenas dos o tres apelaciones a celebérrimas marcas registradas presentes en nuestro día a día son suficientes para erigir su texto como pieza netamente contemporánea sin por ello condenarlo a la caducidad inmediata. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;E insistimos. Rasgo encomiable en &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Temporada de caza&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;: su clara disposición a los dobles sentidos, que sea el lector quien termine de configurar una hipotética lectura ideológica o cultural de la novela (Maupassant diría: «Los grandes escritores no se han preocupado ni de moral ni de castidad [...] Si un libro contiene una enseñanza, debe ser a pesar de su autor, por la fuerza misma de los hechos que cuenta.»). Demuestra esta idea la huida apresurada del lugar común; el hecho de que Golo no sea exactamente proyección del nihilismo atribuido a los jóvenes contemporáneos (semejante cerebro fundido por la videoconsola del que habla cierto crítico en la ficción), sino que justo en la mitad del libro tiene lugar ese punto de inflexión en el cual abandona el hedonismo desmedido, los ratos muertos frente a la Atari o durmiendo, y el sexo infinito con el narrador, y se afana en su trabajo desesperadamente, sin tiempo para cambiarse de ropa o bañarse. Como si a la inversa quisiera atravesar la biografía de Rimbaud o Bartleby. Todo un acierto, pues, la estrategia del autor, que nos invita a leer &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Temporada de caza&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; como un documento visceralmente atractivo, y que ya en la relectura asombra por la meticulosidad con que Maldonado experimenta, seduce y dialoga con el espectador. No se lo pierdan. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-3472274863490487219?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/3472274863490487219/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=3472274863490487219' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/3472274863490487219'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/3472274863490487219'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/03/temporada-de-caza-para-el-leon-negro-de.html' title='&apos;Temporada de caza para el león negro&apos;, de Tryno Maldonado'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-2445128614559957668</id><published>2009-03-08T12:52:00.000+01:00</published><updated>2009-03-08T12:53:01.672+01:00</updated><title type='text'>La historia comienza, de Amos Oz</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;Qué duda cabe, la lógica cultural de nuestro tiempo amonesta circunlocuciones. Tal como podemos comprobar en la publicidad o cualquier otro tipo de producción audiovisual, el formato breve, los ritmos desenfrenados, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;salvajes&lt;/i&gt;, y la violencia constituyen estándares de acción con que seducir al espectador. Es en este sentido donde el ensayo de Amos Oz (Jerusalén, 1939) que lleva por título &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La historia comienza&lt;/i&gt; aborda una temática de interés irresistible, a saber, cómo tótemes de las distancias cortas estructuran sus piezas narrativas desde la primera palabra con el fin de suscitar una erección en los nervios del lector: provocar un incendio en sus posaderas hasta hacerle saltar de su butaca. Eso es. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;Hay en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La historia comienza&lt;/i&gt; una extraña bipolaridad metodológica, pues si bien Oz desestima tanto en la introducción como en la conclusión los modos de hacer propios de la Universidad (el autor levanta la mano en gesto provocador y dice «no» a la estética de la hipercita, a la nota a pie y, en definitiva, a toda erudición inflacionaria), por otro lado parece difícil saber si de verdad el escritor israelí alcanza ese objetivo suyo de no «castrar el placer de la lectura», en la medida que Oz está cerca de rodear con sus manos y asfixiar el gaznate de los referentes a los que apela, como si la literatura fuese pura ciencia, y no cupiera espacio alguno para la intuición. Piénsese en Chèjov, por ejemplo, incapaz de encontrar exégesis razonables para lo que hoy es ya piedra angular en la teoría del relato: &lt;span style="color:black;mso-bidi-font-style:italic"&gt;«En los cuentos cortos es mejor no decir lo suficiente que decir demasiado porque, porque... no sé por qué.» Por esta misma razón, o sea, por el hecho de que el autor de &lt;i&gt;La historia comienza&lt;/i&gt; resulte a ratos racionalista redomado, llama la atención su tentativa de apagar las lecturas de la nariz en el cuento de Gógol como «parábola de la sociedad de la Rusia zarista» o representante de «la condición humana» (como ese Steiner apelando a la cábala judía para entender Kafka). Por supuesto, he aquí un debate teórico sin salida de emergencia posible: acotar límites a la recepción (hiper)parabólica. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La historia comienza&lt;/i&gt; queda en esencia proyectada a quien &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;a posteriori&lt;/i&gt; haya leído las obras abordadas, entre otros motivos, porque Oz incluye excesivas descripciones en registro forense de la trama que acontece; una herramienta ensayística que, ya se sabe, a menudo invita a sestear. Autores célebres en el imaginario del lector globalizado, canónico, occidental como Theodor Fontane, Gógol, Kafka, García Márquez o Raymond Carver aparecen entreverados con estandartes locales (para nosotros, acaso no más que rarezas impronunciables), algunos de los mismos no traducidos aún al español, como Shai Agnón, Smilansky Yizhar o Yaakov Shabtai. Y luego dicen que el mundo es un pañuelo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-2445128614559957668?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/2445128614559957668/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=2445128614559957668' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/2445128614559957668'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/2445128614559957668'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/03/la-historia-comienza-de-amos-oz.html' title='La historia comienza, de Amos Oz'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-5818461275451832295</id><published>2009-02-22T12:02:00.000+01:00</published><updated>2009-02-22T12:03:40.642+01:00</updated><title type='text'>19 pulgadas, de Patricia Rodríguez</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;19 pulgadas&lt;/i&gt; es una novela escrita con muy buenas intenciones y ningún talento. Ninguno, no lo hay. Sabemos que uno de los desafíos para la narrativa en los albores de este siglo &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;xxi&lt;/span&gt; descansa sobre la influencia interdiscursiva y la importancia de la traducción del efecto entre disciplinas creativas, de modo que ningún reparo opondremos cuando Patricia Rodríguez (Valladolid, 1975), quien ha escrito para publicaciones &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;in&lt;/i&gt; como &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;El País de las tentaciones&lt;/i&gt; o &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Vanidad&lt;/i&gt;, apela a la moda y se inspira en ese Londres al que el resto del planeta atiende para imitar tendencias. Porque hemos leído agradecidos la narrativa &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;afterpop&lt;/i&gt; de Agustín Fernández Mallo, sabemos también que entraña un compromiso loable escribir siguiendo los ritmos afentamínimos impuestos por ese mismo mercado obsesionado en fabricar productos de consumo ágil, ya que el autor se condena a ofrecer piezas que abrazan su tiempo prescindiendo de profilaxis, a la vez que se condenan al olvido inmediato; ergo, tampoco aquí estriba nuestro problema con la autora. Por último, sabemos que desde la aparición de la magnífica &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;A bordo del naufragio&lt;/i&gt;, finalista del Herralde cuando Alberto Olmos era todavía imberbe, la ficción sobre adolescentes exige de un poso diferenciador para con las ya atávicas formas del realismo sucio o la escena &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;beat&lt;/i&gt;, y aquí es donde empieza la cosa a ponerse seria para Patricia Rodríguez. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;Considérese entonces que una novela dispuesta a retratar el exacerbado nihilismo de la juventud contemporánea, dedicada ex profeso a cultivar el hedonismo (otra vez más, el fraude de los hijos de la recuperación económica), debe ser multada, penalizada y tal vez retirada del mercado al insertar tópicos del tipo «hábil para las técnicas de negociación agresiva a nivel internacional» (para describir al padre de uno de los personajes), o sentencias de auténtico aprendiz, imperdonables, como «esas cosas que no se perciben mediante la evidencia reconfortante de lo tangible». Es probable que Patricia Rodríguez crea estar aproximándose a un subsuelo social inédito hasta ella cuando perpetua patéticas descripciones de la talla de «niñata blanca, indecisa y calientapollas», si bien lo único que aquí sacamos en claro es la necesidad urgente que la autora tiene de acudir a un taller de escritura. Resuciten a un neoclásico y les dirá que &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;19 pulgadas&lt;/i&gt; está atestada de defectos de estilo, único pero magnánimo handicap de esta novela. Luego, si como dice Bloom, es poco higiénico para el intelecto reseñar libros malos, mejor será que quien suscribe corra a darse una ducha. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-5818461275451832295?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/5818461275451832295/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=5818461275451832295' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/5818461275451832295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/5818461275451832295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/02/19-pulgadas-de-patricia-rodriguez.html' title='19 pulgadas, de Patricia Rodríguez'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-258444911954543591</id><published>2009-02-15T16:22:00.001+01:00</published><updated>2009-02-15T16:24:08.751+01:00</updated><title type='text'>La soledad de los ventrílocuos, de Matías Candeira</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Absténgase de leer &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;La soledad de los ventrílocuos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; si creen que la juventud del autor —nuevo fichaje que pasa a engrosas la reducidísima nómina de narradores nacidos a mitad de la década de los ochenta— hará de su ficción un icono de la Generación Y, pues nos enfrentamos a un raro caso de prosa atemporal, difícilmente asociable al suculento hervidero de subculturas urbanas presentes en dicha contemporaneidad, si bien salvada por un escaparatista notable, un acertado conocedor de los ritmos, un artesano sabedor del uso de la corrección en las distancias narrativas cortas, un esteta, un buen productor de diálogos, tanto como de primeras frases brillantes, y un enamorado de ese reto literario que constituye salvar el disparate. Les presento, damas y caballeros, a Matías Candeira (Madrid, 1984). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph; tab-stops:288.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Destacan en esta colección de relatos piezas como “Al final de Sara”, al hilo de un agujero del tamaño de una pelota de golf que se sitúa junto al ombligo de la protagonista, siempre dispuesto a cantar boleros cada vez que su relación con Juan empiece a declinar. Cubierto por esa delgada capa de humor —aún en estado larvario o germinal— que caracteriza buena parte de las narraciones, “Al final de Sara” ha de ser interpretado como una suerte de justificación bromista a la ausencia de comunicación en las relaciones maritales o pseudomaritales (tal como vendría a avalar la cita de Jung que anticipa el cuento) en una trama que avanza como un brainstorming en series de dibujos para adultos, esto es, a partir de la adición de sucesos imposibles. De igual modo es en las piezas más breves donde Candeira saca a relucir lo mejor de su talento. Como “En algún lugar de la calle V”, instantánea capital que recoge la inclinación del autor hacia cierta escenografía neorromántica y fantasmagórica, “Todas las posibilidades”, otra de las peculiarmente ágiles ficciones que alcanza de manera pulcra el efecto claustrofóbico originalmente planteado, o el divertido “Jugar”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph; tab-stops:288.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;De Candeira podemos recriminar un imaginario aún en estado cartilaginoso —tendente a lo ingenuo, a ratos—, avalado por personajes de la cotidianeidad y un baúl de simpáticos instrumentos (difuntas neveras, cabezas reducidas, las medias de la reina...) que tratarán siempre de dar colorido a la acción (sorprende el hecho de que en cuatro de los catorce relatos las flores jueguen un papel distintivo, como si el narrador fuese diseminándolas a modo de especias culinarias), aparte de un uso del lenguaje no siempre preciso o todo lo expresivo que cabría exigir («preso de ese temblor innominado que dan los domingos», «más excitado que un relojero ante un encargo difícil»). Lo que no podemos dejar de prever es que tras este fogueo con las estructuras clasicistas, Candeira se nos aparece como un novel al que seguir con lupa. Empiecen por aquí. &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-258444911954543591?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/258444911954543591/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=258444911954543591' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/258444911954543591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/258444911954543591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/02/la-soledad-de-los-ventrilocuos-de.html' title='La soledad de los ventrílocuos, de Matías Candeira'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-4716647779754812429</id><published>2009-02-08T11:55:00.001+01:00</published><updated>2009-02-08T11:57:55.521+01:00</updated><title type='text'>Rompepistas, de Kiko Amat</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Siguiendo la estela de la exitosa &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Cosas que hacen Bum&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, Kiko Amat (Sant Boi, 1971) parte esta vez del flash-back que su protagonista Rompepistas sufre de vuelta a los orígenes, para seguir cavando un nicho literario en esa tentativa suya de agotar la adolescencia de barrio/ pueblo. La misma, diremos, que da tumbos por esa institución ultraconservadora llamada Educación Secundaria: aquí no hay espacio para ningún tipo de adhesión estética que no sea totalitarista —o se es un estrafalario punk, o «jugador de Deporte» (un «Cuello»), pero jamás, jamás, neutral o misceláneo—, tal como ordena la desesperada carrera juvenil por hacerse con un avatar que sobresalga entre la multitud. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Amat parece sabérselas todas, y en su voluntad por imprimir un sello corporativista encuentra una palabra en torno a la cual gravita el estado de ánimo que define a sus personajes. Me estoy refiriendo a «paYaso», repetida hasta la suma repugnancia. El narrador explica: «Dice la Y mucho más alto, subiéndose encima de ella, alargando el sonido, golpeando la Y, escupiendo la letra, como siempre hacemos todos cuando decimos paYaso, que es el mejor insulto del mundo». Si lo que Amat perseguía era simular la irrepetible arrogancia/ hostilidad juvenil, sin duda alguna su mérito es largo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Ni que decir tiene, una novela como &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Rompepistas&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; no exige blindarse de ningún ostentoso barniz verbal, lo cual no nos acredita para pasar por alto esos otros aciertos que provienen de la carga expresiva concentrada en sus comparativas («manos de guante de béisbol», «la cabeza echada hacia atrás como si fuese un muñeco de Caramelo Pez», «bailar sacudiéndote como si tuvieses cangrejos de río aferrados a tus bolas»...), tanto como del destacable prurito de erigir un museo ochentero (de los horrores, diríase a estas alturas), que se observa en el reparto de fetiches a lo largo de sus páginas, tipo muñecos Click, Burmar Flax, Seat 850, Xibeca o pipas Churrucas; aparte de las referencias musicales (el autor desempeña también una intensa tarea como periodista en este ámbito). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Amat vuelve a hablarnos de pagar el pato con la inexperiencia del primer amor, y narra con acierto simpáticos gags de pusilánimes ligones que se cuelan en los pogos de un concierto, o de pícaros que aguardan en la cola del INEM a que &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;no&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; les den trabajo. Solo un pero, pues, y es que si tenemos en cuenta las limitaciones que el tema implica, habría sido igualmente válido su efecto al reducir notablemente el texto en su extensión. Bien por Amat, en todo caso. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-4716647779754812429?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/4716647779754812429/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=4716647779754812429' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/4716647779754812429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/4716647779754812429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/02/rompepistas-de-kiko-amat.html' title='Rompepistas, de Kiko Amat'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-5662297042941622087</id><published>2009-02-08T11:51:00.001+01:00</published><updated>2009-02-08T11:55:05.565+01:00</updated><title type='text'>Constantino Bértolo: Ciento cincuenta por ciento de bibliofilia aguda</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span style="font-variant:small-caps;color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;i. Intro. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Hablar de Constantino Bértolo es hablar de un bibliófilo de primer grado: actual editor de Caballo de Troya —sello integrado en el grupo Random House—, en &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;La cena de los notables &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;(Editorial Periférica, 2008) nuestro autor compone una cartografía de la literatura excelsa por su perspectiva analítica a la hora de abordar las distintas etapas del hecho literario —lectura, escritura, crítica, edición...—, hasta el punto de llegar a ser visita obligatoria para todo aquel que ose delatarse &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;lector&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph; tab-stops:201.0pt center 212.55pt"&gt;&lt;span style="font-variant:small-caps; color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;ii. Sociología de la literatura: ¿Una disciplina peligrosa, o no?&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-variant: normal; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Aunque remezclado con alegatos a la recuperación del espacio ganado por el mercado, &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;La cena de los notables&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; es un libro blindado por agudísimos y sagaces análisis del medio social literario. En este sentido no deja de resultar curioso que estudios en materia de sociología de la literatura sigan siendo aún una suerte de disciplina incómoda —&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;peligrosa&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, quizá—, cuando las más de las veces anuncian verdades que son &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;vox populi&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, aunque provoquen sonrojos... &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold; "&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Si no entiendo mal la cuestión&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:red"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;su propio planteamiento parece responder a la asunción de un entendimiento de la literatura en el que “lo literario” y “lo sociológico” se trazan como dos zonas acaso próximas pero diferenciadas, y diferenciadas de un modo jerárquico donde lo delimitado como sociológico ocuparía un escalón secundario más o menos necesario. Justamente mi propósito con este libro era proponer una visión de la literatura en la que tal distinción quedase excluida. En todo caso y al partir de una comprensión de la literatura como un acto de violencia sobre la comunidad que la recibe al tiempo que la construye y que, en consecuencia, tiene su fundamento en lo que he llamado el pacto de responsabilidades entre el emisor y los destinatarios, el marco social no se presenta como un factor añadido sino como un elemento constituyente de lo literario. Por otra parte la incomodidad que pudieran tener los estudios en materia de sociología de la literatura, siempre se ha resuelto por parte del poder hegemónico literario proponiendo precisamente esa distinción.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-variant: small-caps; font-weight: normal; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;iii. Aristóteles; o la gestión de una «cartera de contactos» en la polis literaria ultracapitalista (¡!).&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-variant: normal; font-weight: bold; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Más de lo anterior. Una cuestión que suele provocar incómodas miradas a la punta del zapato: ¿qué importancia concede a la gestión de las relaciones públicas frente al talento? O si quiere, ¿es posible sobrevivir en la literatura, ya sea como crítico o como autor, sin una cartera de contactos? Un paso más allá: ¿no deberíamos empezar a entender esa misma cartera como un estímulo o mecanismo socializador en lugar de como perversión &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;nepotista&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;...? &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold; "&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Partiendo, con Aristóteles, del hombre como “animal que se mueve en la polis”,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#00B8FF"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;no es posible sobrevivir ni en la literatura ni la albañilería sin “una cartera de contactos” y si entrecomillo la expresión no es para remarcar ningún carácter perverso sino para hacer ver que la propia expresión contiene semánticamente unas concretas relaciones sociales, las determinadas por el capitalismo, en las que lo social, los otros, devienen en meros valores mercantiles, en “cartera”, y en las que las relaciones interpersonales&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;se han transformado en “contactos”, es decir, en oportunidades de negocio. Es decir, que no se trata de empezar a entender nada nuevo al respecto pues hace ya siglos que el intercambio mercantil funciona como estímulo y mecanismo socializador. Otra cosa son los efectos de tal lógica sobre nuestras vidas pero supongo que ahora no se trata de hablar de eso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span style="font-variant:small-caps;color:black;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;iv. Ultimísima crítica cultural &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Made in Spain&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;®: &lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;«&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;En principio [&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;la hipertrofia del elemento metaliterario que salta al abanico total de discursos —del diseño gráfico a la sensibilidad &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;grunge&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, de la ficción &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;pulp&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; a las series de televisión...—&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;] lo valoro muy positivamente, pues en definitiva responde a un desmoronamiento radical del humanismo jerárquico, si se me permite la redundancia, con todo lo que ello contenía de compartimentación&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;entre lo bajo y lo alto, lo escaso y lo abundante, lo accesible y lo inaccesible, lo sagrado y lo profano [...] tampoco conviene olvidar que esa oleada de nuevas influencias tiene su origen&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;mayoritario en la cultura de la metrópolis USA, por lo que no deja de sorprender la alegría con&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;que la colonia que al fin al cabo somos celebra los abalorios, espejuelos y&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;lenguajes con que nos someten y globalizan.»&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span style="font-variant:small-caps;color:black;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;v. Paul Auster – Copérnico – Álvaro Pombo: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;«llevo tiempo pensando en la necesidad de reescribir la historia de la literatura saltándonos las fronteras nacionalfilológicas para atender a aquello que realmente&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#00B8FF"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;“lee&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;” – entendido en su sentido más amplio-&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;una comunidad determinada en un momento concreto. Si la Literatura, como pienso, es una forma de nombrarnos, veríamos que hoy, por ejemplo, nos estamos narrando más a través de Paul Auster que de Alvaro Pombo y no es que esto me parezca mal pero sí me parece saludable reconocer que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span style="font-variant:small-caps;color:black;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;vi. Crítica literaria y facultades semiológicas: La importancia del elemento paratextual: «&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;El libro como mercancía es un producto que incorpora un alto nivel de incertidumbre: quién compra un libro no sabe que se va a encontrar dentro [...] Gran parte del trabajo editorial consiste precisamente en rebajar ese alto nivel de incertidumbre y es ahí donde los paratextos intervienen. Es evidente que la marca es una elemento sobresaliente: es un sofá de Ik&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;ea, o es un sofá de Mariscal&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, es un libro de Pre-Textos o es una novela de Eduardo Mendoza, pero aparte de las marcas&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;o el título o los textos de contratapa funciona también el material del “embalaje”: papel, color, tamaño, imagen de portada. Todo un espacio semiótico que se pone en movimiento y que en consecuencia “dice” qué tipo de comprador o lector está buscando el editor. Se quiera o no los paratextos forman parte de la lectura y por eso la crítica debe de atenderlos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span style="font-variant:small-caps;color:black;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;vii. Algunas líneas sobre Caballo de Troya: «&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Cuando proyecté el sello estos aspectos intervinieron en mis conversaciones con los diseñadores: quería trasmitir una imagen sobria sin ser severa (de ahí la silueta del caballo de juguete), que revelase una voluntad de trabajar a medio o largo plazo (de ahí la inamovilidad del concepto base), muy centrada en los textos (de ahí la ausencia de imágenes o de foto del autor) y con unos paratextos semánticos que encerrasen la filosofía general de la editorial: “Para entrar o salir de la ciudad sitiada”, “Nuevas voces, nuevos autores, nuevas literaturas”. Desde el principio pensé en unos textos de contra, Avisos de lectura, que de modo indirecto fueran desgranando una “estética del editor”. En los tres primeros libros incluso evité que apareciesen las biografías de los autores. Aprovechando que la empresa era favorable al poco gasto se logró consensuar un diseño muy cercano a lo que quería. Con el paso del tiempo creo que las portadas se han hecho reconocibles, pero la presión, lenta pero segura, del marketing o de los comerciales hizo que hubiera que incluir las biografías de los autores o, más recientemente, a poner sobrecubiertas a todo color a tres títulos de los once que publicamos al año. Como Director gozo de cierta autonomía y por lo tanto de cierta dependencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-5662297042941622087?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/5662297042941622087/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=5662297042941622087' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/5662297042941622087'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/5662297042941622087'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/02/constantino-bertolo-ciento-cincuenta.html' title='Constantino Bértolo: Ciento cincuenta por ciento de bibliofilia aguda'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-7688887083796194413</id><published>2009-01-20T10:58:00.001+01:00</published><updated>2009-01-20T11:03:07.921+01:00</updated><title type='text'>Sexografías, de Gabriela Wiener</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Si &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Sexografías&lt;/i&gt; fuera un libro de ficción tendría nota de sobresaliente; como de lo que se trata es de una recopilación de crónicas periodísticas, uno no tiene más remedio que conceder a la autora una matrícula de honor, la corona de laurel, mi humildísmo Pulitzer, las llaves del coche y las de la casa, aquello por lo que ustedes más aprecio manifiesten, el Nobel y el Cervantes en la disciplina de periodismo gonzo underground 2009. Porque, ¿cómo lo hace Gabriela Wiener para encontrar historias de, ejem, vamos a suponer que sí, que de lo que hablamos es de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;amor&lt;/i&gt;, entre expresidiarios y transexuales que emigran de Perú a la Ciudad de las Luces? ¿De dónde saca esas ráfagas de inteligencia emocional para colarse en la casa del, si me lo permiten, con todos los matices que quieran endosar, sabio polígamo Badani, y sus seis esposas, o bien en el temible penal de Lurigancho, en donde aplicar la semiótica del &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;tattoo&lt;/i&gt; a los singulares presos? ¿A qué Dios se encomienda La Wiener para hacer un trabajo tan, tan bueno? &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="color:black"&gt;Roberto Bolaño, otro sabio como Badani, dijo en una de sus implacables entrevistas que la gente, al hablar de sexo, cae del lado de la imbecilidad, que regresa sobre el viejo lema del carlismo, ya saben, «Dios, Patria y Rey». De modo que uno entiende a La Wiener como un púlpito de conocimiento, pero ojo, no un conocimiento de bla, bla, bla, de predicar sin el ejemplo, sino un conocimiento que pasa por inmiscuirse en un local de intercambio con la pareja de la autora, o por asumir la donación de óvulos como medio legítimo para financiar una cuota de su máster. Lo suyo es pura devoción. Como que nada sería igual sin el prólogo que firma Javier Calvo, y que arranca con un conmovedor: «Soy un hombre de la Vieja Escuela. Devoto del matrimonio y la familia, aficionado al fútbol y a los bares»: Imposible mejorar la metáfora post-feminista a lo que viene después. Y por cierto, ¿les he dicho que Nacho Vidal protagoniza un par de escenas del libro? Adivinen, adivinen, y luego compruébenlo con su propio ejemplar. Estamos ante una lectura de sí o sí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-7688887083796194413?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/7688887083796194413/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=7688887083796194413' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/7688887083796194413'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/7688887083796194413'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/01/sexografas-de-gabriela-wiener.html' title='Sexografías, de Gabriela Wiener'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-3297710019467445968</id><published>2009-01-04T12:29:00.000+01:00</published><updated>2009-01-04T12:30:02.637+01:00</updated><title type='text'>Sida Mental, de Lionel Tran</title><content type='html'>&lt;p align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Con la traducción del francés de Lionel Tran y Valérie Mréjen está consolidando Periférica una labor editorial que merece ser seguida a muy pocos pasos de distancia. Crecidos ya en la etapa post-sesentayochista, Tran y Mréjen despliegan rarísimos y exquisitos retratos generacionales, solo aptos para los no iniciados. A ambos les une también el haber sabido heredar de Perec su exhaustividad descriptiva hasta la náusea, aparte de un intimismo que acaricia —cuando no estruja— las vísceras del lector. Para el caso que nos corresponde, podemos ubicar esta prosa de Tran (Lyon, 1971) como pieza complementaria a un díptico en donde también figurase el argelino, editado en Anagrama, Y.B., pues tanto &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Sida Mental&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; como &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Alá Superstar&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; constituyen dos excelentes novelas para entender el conflicto en la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;banlieue&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; francesa, y, por extensión, de todo el extrarradio europeo. De este modo, mientras la ficción de Y.B. acontece las más de las veces en la calle, con un acidísimo sentido del humor del cual nadie escapa, y con un ritmo narrativo pensado para hacer estallar más de un marcapasos; Lionel Tran se recluye a una vida familiar más bien desequilibrada, yendo y viniendo de la infancia a la adolescencia de un muchacho que llora a solas en su cuarto, «envidiando la vida de los otros». Y es que como ya advirtiera Baudrillard en su célebre artículo &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Nique ta mère&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, sobre los disturbios franceses en 2005, Occidente se mantiene gracias al deseo de los otros por acceder a su cultura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Sida Mental &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;brilla por varias razones. Por ejemplo, la simulación perfecta de la topografía periférica, con una acción que transcurre entre «el centro comercial, inmenso y llano», parkings vacíos, la «maraña de neones», «palés abandonados», «la hierba seca y quebradiza de las viviendas de protección oficial», una gasolinera abierta veinticuatro horas, «un campo de fútbol lleno de barro», «Auchan», «Ikea»… Como el modo en que el narrador aprehende la sexualidad infantil, no solo al margen de las convenciones políticas, ingenuamente torpes (a los nueve años llegarían a las manos del protagonista las primera revistas pornográficas en los servicios de la escuela; a los diez, situaciones de pudor y tensión sexual), sino también sabiendo poner sobre la mesa las contradicciones de una cultura para la que, como dijera el antropólogo Gayle Rubin, el sexo «siempre es culpable hasta que se demuestre lo contrario». Prueba de ello es ese &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;angst&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; católico para el cual el protagonista ha sido educado, y que emerge después de unas experiencias estrambóticas y personalísimas —pornográficas, dirá algún que otro desaprensivo—. Paralelamente a la pulsión del sexo destaca la desintegración como hervidero de incontrolable ira: del acoso escolar a espeluznantes brotes de violencia extrema a partir de escenas tan nimias como es la disección de una mosca, y otras que laten sobre un poso de extraña inocencia como es ese niño de nueve años que dispara a diestro y siniestro con una escopeta, con la “mala suerte” de tener sus objetivos demasiado lejos. Podríamos hablar interminablemente sobre las bondades de&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; Sida Mental&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;, pero en ese caso, afable lector, estaríamos robándole su tiempo: ¿A qué está esperando entonces para saber hacia dónde se dirige Europa?, ¿eh?   &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-3297710019467445968?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/3297710019467445968/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=3297710019467445968' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/3297710019467445968'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/3297710019467445968'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2009/01/sida-mental-de-lionel-tran.html' title='Sida Mental, de Lionel Tran'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-8657306904566839956</id><published>2008-12-22T14:21:00.002+01:00</published><updated>2008-12-22T14:23:52.261+01:00</updated><title type='text'>Personajes secundarios, de Joyce Johnson</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Joyce Johnson (Nueva York, 1935) repite incasablemente en entrevistas su hartazgo por la continua identificación con el autor de &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;En el camino&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; o &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Los vagabundos del Dharma&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; —de quien fuera pareja durante un par de años—, lo cual no es inconveniente para que en una artera estrategia publicitaria &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Personajes secundarios&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; aparezca editado con una foto en primer plano de Kerouac, o como si crónica alternativa de una generación beat más bien machista se tratase, si bien dos quintas partes del libro no tienen nada que ver con el grupúsculo literario. &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Personajes secundarios&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; aborda un vibrante testimonio histórico sobre el contexto cultural emergente circunscrito en el Nueva York posterior a la II Guerra Mundial, y caracterizado por un atrezzo a imitación de las novelas y los modos de Scott Fitzgerald, los tan cinematográficos Diners, la represión sexual («En aquella época algunas mujeres conservaban trocitos de papel con los nombres de médicos que practicaban abortos ilegales», dice la autora), los &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;hipsters&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; y una universidad repleta de aspirantes a artistas que irían disolviéndose con el tiempo. Solemne atmósfera ante la cual Johnson se permite desmontar su mitología e iconografía inteligentemente: «Sueño con convertirme en bohemia, pero me falta la ropa adecuada […] Si alguien me hubiera dicho que el deseo de poseer aquellos artículos equivalía, en un contexto distinto, al deseo de poseer una sudadera de béisbol determinada, me habría sentido humillada.» &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Exceptuando algún que otro bostezo imperdonable como descripciones de primeras reglas (¡!), &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;Personajes secundarios &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;se trata sin duda de unas memorias escritas con garbo y pulso narrativo. En lo concerniente a Kerouac, Johnson testimonia a escasos metros algunos de los hitos &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;beats&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; más significativos, a saber, el viaje con Ginsberg a Marruecos o la elogiosa reseña que &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;En el camino&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; recibiera en el &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt;New York Times&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'trebuchet ms';"&gt; en 1957, punto de partida que lo catapultara a la fama y después a la autodestrucción alcohólica. Añádase a ello el semblante huidizo, narcisista y autosuficiente del narrador norteamericano, ante el que Johnson parece comparecerse a ratos y encontrar explicaciones en sus antecedentes emocionales («[Joah Haverty] se había burlado de sus textos, quería que dejara de escribir y la mantuviera, lo había tratado como a un tonto y se había liado con otros hombres») y en el carácter posesivo de su madre. Todo un culebrón en donde brilla eso que suele conocerse como morbo —«interés humano», según conceptos periodísticos—, aunque apto para gourmets, eso sí. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-8657306904566839956?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/8657306904566839956/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=8657306904566839956' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/8657306904566839956'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/8657306904566839956'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2008/12/personajes-secundarios-de-joyce-johnson.html' title='Personajes secundarios, de Joyce Johnson'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-7846986791777937521</id><published>2008-12-12T16:45:00.001+01:00</published><updated>2008-12-12T16:48:01.457+01:00</updated><title type='text'>Incógnito, de Grégory Mardon</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;A Grégory Mardon (Francia, 1971) le basta una resma de solo cincuenta y ocho páginas para pergeñar un intachable tratado sobre las relaciones humanas en plena era post-feminista, tal como ya empieza a anunciarnos desde la mismísima portada de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Incógnito&lt;/i&gt; (Víctimas perfectas). En ella asistimos a un Jean-Pierre sentado en un sofá junto a la fisioterapeuta Berenice, la cual, pese a estar prendado de ella, se le antoja monstruosa y gigantesca por lo inalcanzable; una relación asimétrica entre sexos descompensados. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;La trama que sigue &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Incógnito&lt;/i&gt; parte del accidente sufrido por un Jean-Pierre ebrio que, tras fracturarse la pierna, conocerá a la atractiva Berenice en su consulta. La fisioterapeuta, no obstante, aparece dominada por el segundo personaje masculino de la historia: su hermano Ambroise, condenado a observar el mundo desde su silla de ruedas, y, acaso presa de la apatía y la completa ausencia de actividad, portador de un irrefrenable bucle de celos. De este modo, no debemos interpretar como una mera casualidad el hecho de que Mardon decidiera caracterizar al sexo masculino en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Incógnito&lt;/i&gt; como &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;lisiado &lt;/i&gt;(débil) en una suerte de dicotomía, pues mientras Ambroise sufre por sus ardides malévolos para dominar a Berenice —del abuso psicológico al chantaje emocional mediante falsas amenazas de suicidio—, Jean-Pierre lo hace por todo lo contrario: su complejo de castración y síndrome de impotencia, secuela de su propensión a pasar desapercibido en el mundo (en efecto, Berenice describirá al protagonista como «Nada sospechoso y sincero.») &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS'; font-size: 13px; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Huelga advertir que son los detalles sobresalientemente agudos los que hacen de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Incógnito&lt;/i&gt; un golpe —difícil de digerir— directo al estómago del lector; obsérvese en este sentido ese flash-back en el que la madre de Jean-Pierre, luego de haber discutido con su marido, abraza al futuro hombre invisible directamente contra su pecho, violando así toda preceptiva freudiana; o el asco con el que Ambroise asiste a la cobertura de una necesidad fisiológica tan corriente como pueda ser la comida por parte de su hermana Berenice (p. 28). Así que no se excusen: lean a Mardon. Ya. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-7846986791777937521?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/7846986791777937521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=7846986791777937521' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/7846986791777937521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/7846986791777937521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2008/12/incgnito-de-grgory-mardon.html' title='Incógnito, de Grégory Mardon'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-5487993919278352205</id><published>2008-06-17T15:12:00.000+02:00</published><updated>2008-12-10T00:22:36.179+01:00</updated><title type='text'>Fashismo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_7CyeRZpl0FU/SFe5bFKHHEI/AAAAAAAAAUI/x-Qejy0EMmU/s1600-h/PN699_G.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5212838968596831298" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_7CyeRZpl0FU/SFe5bFKHHEI/AAAAAAAAAUI/x-Qejy0EMmU/s320/PN699_G.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Como los ya canónicos Bret Ellis en &lt;em&gt;American Psycho&lt;/em&gt; o Tom Wolfe en &lt;em&gt;La hoguera de las vanidades&lt;/em&gt;, el nombre de Frédéric Beigbeder (Neully-sur-Seine, 1965) constituye referente obligado a la hora de abordar las distintas lecturas que ofrece la sociedad hipercapitalista y globalizada. No en vano, la obra del autor en cuestión conlleva cierta tentativa de diseccionar las perversiones de Occidente. En este sentido —y aunque Beigbeder jamás abandone para siempre ningún tema, sino que reincida en los mismos libro tras libro, incluso repitiendo ideas descaradamente—, &lt;em&gt;13’99 euros&lt;/em&gt; (traducida al español en 2001) fue una brutal descripción de la degeneración personal que sufren los circuitos publicitarios; &lt;em&gt;Windows on the World&lt;/em&gt; (2004), ensamblaje de historias en torno al desastre del 11-S —sin excesivas connotaciones ideológicas, cosa que juega a favor del francés—; y &lt;em&gt;El amor dura tres años&lt;/em&gt; (2005), retrato del nuevo modelo de relaciones sentimentales seriadas y perecederas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con este background, &lt;em&gt;Socorro, perdón&lt;/em&gt; —en buena medida, entroncando con la Rusia postsoviética de la que Pelevin hablaba en &lt;em&gt;Homo Zapiens&lt;/em&gt;— traslada al lector a la noche moscovita, donde Octave Parango, protagonista de &lt;em&gt;13’99 euros&lt;/em&gt;, ejerce ahora como cazatalentos para agencias de modelos. Igualmente, el tema central es aquello a lo que el autor apela bajo el concepto de “fashismo”. O lo que es igual: racismo hacia los feos. “¿Qué es más fascista —se pregunta Octave—: el burka o mi booker?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Concebida como una serie de confesiones por parte de Octave al padre ortodoxo de la catedral de Cristo Salvador, esta nueva entrega vuelve a reformular los esquemas formales y de contenido que caracterizan a Beigbeder, tales como:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A) Interés por lo patético, próximo al de su coetáneo Houellebecq. Beigbeder se propone y consigue transmitir una extraña sensación de vergüenza ajena mediante diálogos estúpidos (en los que, por cierto, acostumbra a dar cuenta del colonialismo cultural y lingüístico norteamericano, como ya se vio en &lt;em&gt;Windows on the World&lt;/em&gt;), comparativas fuera de lugar (“La mujeres también se evalúan sin tregua, como prostitutas en una acera.”) o enfermizos monólogos interiores, que ponen en evidencia el espacio privado del individuo moderno (“Me digo con frecuencia que si la violación fuese legal simplificaría la vida de los hombres modernos”); como dice el protagonista: “La verdadera locura aparece cuando cesa la comedia social”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;B) En palabras de Isabel Obiols: “a Beigbeder se le reprocha a menudo un estilo que tiende al abuso de la frase brillante.” En efecto, se observa en las disertaciones que el autor introduce el gusto por la reducción de ideas a lápidas y aforismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C) Incorrección política. Ante todo, Beigbeder es realista, y es por esto por lo que nos habla de la nueva oligarquía rusa, violenta y corrupta (véanse, por ejemplo, pp.163-165, una suerte de reminiscencia al film &lt;em&gt;Hostel&lt;/em&gt;); pero también del Octave niño, con once años, educado en el bombardeo de imágenes sexuales, y que, frente a “chicas de veinte años […] con sus dientes blancos y sus faldas cortas”, solo pide “que aquellas diosas abusaran de mí sexualmente”. Del mismo modo, conviene detenerse en los constantes guiños a la pornografía, que devienen —como ya advertimos arriba— disección de las perversiones del mundo desarrollado (“Yo sabía también colmar mi soledad amontonando a las chicas desnudas encima de mi edredón. Padre, nunca sabrá lo dulce que es ordenarles que se besen sacando la lengua, hasta que sólo les une un hilo de saliva”); así como en la explotación de menores. El espectro social al que Beigbeder se refiere, se caracteriza por una constante pugna entre cazatalentos por conseguir la modelo más joven: “Y más que nada he visto chicas, lo juro, las chicas rusas… son la industria nacional”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;D) Integración (inteligente) de los melindres publicitarios. Si bien en &lt;em&gt;Windows on the World&lt;/em&gt;, el escritor recurría a lo lacrimógeno mediante las escenas del padre y sus dos hijos desapareciendo lentamente en el World Trade Center, &lt;em&gt;Socorro, perdón&lt;/em&gt; regresa sobre los arteros trucos de manipulación mental, como se observa en el relato que Octave cuenta a la modelo Irina K. (p. 74).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;E) Acidez extrema. Octave hace chistes como los que siguen: “Si te acuestas conmigo te prometo enormes consecuencias mediáticas”, “En Moscú, la estación que lleva a San Petesburgo se sigue llamando Leningrado (le comprendo: los rusos no pueden cambiar todos los letreros de tren cada vez que cambian de totalitarismo)”, “El otro día, un colega me anunciaba la llegada de unas chechenias lascivas: no eran más que anoréxicas traumatizadas por las violaciones de soldados rusos […] ‘Lo siento’, les dije, señalándome la frente, ‘¡aquí no llevo escrito Amnesty Internacional’”!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de la suma de todos estos elementos, que se contonean peligrosamente entre la provocación gratuita y la más corrosiva de las sátiras, es el lector quien elige una vez más si sitúa a Beigbeder, bien en lo mero histriónico, bien como uno de los más interesantes dinamitadores del sistema. Probablemente, para el francés ambas cosas no sean en absoluto incompatibles. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-5487993919278352205?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/5487993919278352205/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=5487993919278352205' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/5487993919278352205'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/5487993919278352205'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2008/06/fashismo.html' title='Fashismo'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_7CyeRZpl0FU/SFe5bFKHHEI/AAAAAAAAAUI/x-Qejy0EMmU/s72-c/PN699_G.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-6073723932724027095</id><published>2008-06-25T13:30:00.000+02:00</published><updated>2008-12-10T00:22:35.985+01:00</updated><title type='text'>Pasadizos</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_7CyeRZpl0FU/SGIt-h5JuAI/AAAAAAAAAUg/Ek4vLnn5oLw/s1600-h/rese%C3%B1a+Pasadizos,+de+V.L.+Mora.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5215781870721677314" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_7CyeRZpl0FU/SGIt-h5JuAI/AAAAAAAAAUg/Ek4vLnn5oLw/s400/rese%C3%B1a+Pasadizos,+de+V.L.+Mora.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-6073723932724027095?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/6073723932724027095/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=6073723932724027095' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/6073723932724027095'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/6073723932724027095'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2008/06/pasadizos.html' title='Pasadizos'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_7CyeRZpl0FU/SGIt-h5JuAI/AAAAAAAAAUg/Ek4vLnn5oLw/s72-c/rese%C3%B1a+Pasadizos,+de+V.L.+Mora.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1550357947475516695.post-7200290423951273533</id><published>2008-07-08T07:44:00.000+02:00</published><updated>2008-12-10T00:22:35.868+01:00</updated><title type='text'>'Una puta recorre Europa', de Alberto Lema</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_7CyeRZpl0FU/SHL--hUMeGI/AAAAAAAAAVY/bqTHAxBGHds/s1600-h/EL-DIA-CULTURAL-6-de-julio..jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5220515268124244066" style="DISPLAY: block; 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Un hombre que en primera instancia se nos antoja &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;borderline&lt;/i&gt; por ingenuo (Takahashi) irrumpe en Denny’s a pocos minutos de la medianoche; allí no para de ofrecer su conversación a Mari, a la que solo conoce tangencialmente. Cuando Takahashi desaparece del local Kaoru solicita a Mari su ayuda para mediar en su &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;love-ho&lt;/i&gt; con una prostituta china, violada por una encarnación maléfica en forma de oficinista nipón recluido &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;solo&lt;/i&gt; de madrugada en su cubículo y con Bach sonando en el equipo musical (Shirakawa, o el doble perverso de Takahashi a partir de las reflexiones de este sobre la justicia). Ni que decir tiene, conforme avanzan los relojes de la narración (unos relojes que se dilatan y contraen a su antojo como &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La persistencia de la memoria&lt;/i&gt;: particularidad de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;After Dark&lt;/i&gt;) la relación entre personajes como Takahashi y Mari va afianzándose —un clásico en Murakami— sin caer del lado del folletín. Mientras, en la habitación en donde Eri Asai —hermana de Mari y modelo profesional— duerme por un lapso de tiempo de dos meses, asistimos a una recreación del Lynch de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Carretera Perdida&lt;/i&gt; o el Haneke de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Caché&lt;/i&gt;, con esa célebre pesadilla tecnológica de los televisores incontrolables. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;After Dark&lt;/i&gt; es un libro que se olvida(rá) pronto. Decadente. A su conclusión, uno duda si a lo largo de las páginas ha tenido lugar algo más atractivo aparte del cruce entre Takahashi y Mari: la tan prometedora trama que se relaciona con la prostituta del &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;love-ho&lt;/i&gt; y la mafia china se evapora ante nuestros rostros escépticos, a la par que la búsqueda de Shirakawa opta por resolverse mediante engañifas tecnológicas que no conducen a ningún sitio. A la sombra de obras mayores como &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Tokio Blues&lt;/i&gt; y, sobre todo, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Al sur de la frontera, al oeste del sol&lt;/i&gt;, en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;After Dark&lt;/i&gt; queda ya poco de la sensibilidad erótica que ponía al autor japonés en consonancia con la cinematografía de Wong Kar Wai —ese tándem imprescindible de la nueva cultura oriental—. Empero, bien es cierto que en la novela aún sobrevive otro rasgo común: su gusto por los escenarios de neones y brumosos materializada en la estetización del rótulo (aunque regresen sobre el reconocible imaginario murakamiano, buena parte de las descripciones que presenta el libro son todo un ejercicio de efectividad) y su consecuente inmersión en una nocturnidad oriental, digamos, de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;sci&lt;/i&gt;-&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;fi&lt;/i&gt;. Todo un placer para los sentidos y acaso uno de los pocos reclamos con los que vender esta novela. ¿Mi consejo? Relean a Murakami. Prescindan de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;After Dark&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1550357947475516695-631517910325753111?l=berliner-haus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://berliner-haus.blogspot.com/feeds/631517910325753111/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=1550357947475516695&amp;postID=631517910325753111' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/631517910325753111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1550357947475516695/posts/default/631517910325753111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://berliner-haus.blogspot.com/2008/12/after-dark.html' title='After Dark'/><author><name>Ibrahim B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05123860359424531538</uri><email>ibrah.berlin@gmail.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08691111948126695256'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry></feed>